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Para todos es bastante familiar la imagen de un niño agarrado a su osito de peluche, a su mantita y al inseparable chupete. Lo hemos visto en numerosas ocasiones; en personas cercanas, puede que en nosotros mismos, en dibujos animados: Garfield con Pooky, Linus con su mantita, Maggie Simpson… y todo ello, en la mayoría de los casos, nos llena de ternura.
En muchas películas vemos a la mamá que con cara de satisfacción deja a su bebé dormidito en su cuna mientras este chupa su chupete con cara plácida. Seguramente también estamos acostumbrados o familiarizados con la sensación de tranquilidad que nos da tener un chupete a mano cuando un bebé (ya sea propio o ajeno) empieza a llorar.

Pero ¿qué pasa con todas estas imágenes que tenemos integradas en nuestra retina, en nuestro inconsciente, en nuestra memoria, en nuestros recuerdos infantiles, en nuestros recursos…?
Lo que pasa es que están mal configuradas. Es como si viéramos un leoncito que se tranquiliza cuando se acerca a una roca, o un mono que se tranquilizara con un peluche (ya hay experimentos al respecto, un bebé mono prefería una mama de peluche sin comida que una de alambre con comida) o un oso polar se dedicara a chupar un trozo de hielo para estar mejor. Igual estos símiles tampoco nos parecen raros porque no tenemos el símil original bien configurado en nuestra mente.

En psicología al objeto que usa el bebé para estar más tranquilo se le llama “objeto intermediario” u “objeto transicional”, aludiendo a que el bebé puede quedarse un rato tranquilo con un objeto mientras la madre se ausenta un rato y así puede ir practicando la permanencia de objeto, y puede gradualmente separarse de su madre, por breves periodos de tiempo.*

La cuestión es que en nuestra sociedad acelerada hicimos de la parte el todo y no lo usamos para “breves periodos de tiempo”, lo usamos directamente para sustituir a la madre, como sustituto permanente. Y las madres tan contentas y tan “libres”, diciendo “que bien, le pongo el chupete y su osito y se queda tan tranquilo dormidito toda la noche en su cuna”, ¡¡¡¡¡¡PERO, POR FAVOR!!!!!!, claro esta madre seguramente también aprendió a quedarse “tan tranquila (y angustiada)” en su cuna con su osito de peluche y su chupete. Yo personalmente lo recuerdo con nitidez. Recuerdo cual era el sentimiento que me despertaba y la tranquilidad que me daba oler mi osito de peluche mientras me chupaba el dedo.
(Para otro post dejaré toda la serie de tácticas que se utilizan para luego poder “quitar” o “arrancar” el chupete que tanto nos ha ayudado con la crianza de los niños, se los corta, se los tira, se los regala a los Reyes Magos, sin la más mínima consideración a toda la función cumplida y a todos los “servicios prestados”.)

La imagen que nos tenia que parecer tan normal y nos tenía que inspirar ternura y tranquilidad es la de un  bebé de 3 meses que llore y su madre le ponga al pecho, un bebé de 5 meses que proteste porque le han puesto una vacuna y su mamá le ponga al pecho y le acaricie, un bebé de 9 meses que se enfada porque se ha tropezado gateando y su mamá le ponga al pecho y le consuele, un bebé de 15 meses que se canse de ir en la sillita del coche porque tiene sueño y en la silla no se puede dormir y su madre le ponga al pecho y se duerma tranquilo, un niño de 20 meses que no se pueda dormir y su madre le acuna en su pecho y se duerme abrazado a ella tan tranquilo; un niño de 24 meses que  llora porque la medicina le ha sabido mal y la madre le ponga al pecho y se le pase, también la madre o un ser querido puede calmarle en brazos, cantándole, hablándole;  ….. y así sucesivamente. Si,  el pecho de la madre es mucho más efectivo que el chupete, sirve en cualquier situación, tranquiliza, le da seguridad, le alimenta, le alivia el dolor, le reafirma quién es él y con quien cuenta, le da un olor conocido, le devuelve a un mundo de completud, le transmite defensas increíblemente efectivas, le quita la sed, en definitiva, calma el 99,9% de las situaciones que acontecen a los bebes y niños.

Y como peluche o mantita que usamos?, pues el cuerpo de mamá. Es un poco más grande que los peluches normales pero tiene una serie de ventajas. No acumula polvo porque se ducha solita. Se suele adaptar a diferentes posturas y bastante naturalmente al cuerpo del bebé. Esta a la misma temperatura que el cuerpo del bebe (caliente). Puede cambiar de color porque es fácil que cambie de ropa. Su olor tranquiliza al bebé porque lo conoce desde hace tiempo. Es capaz hasta de tener al bebé encima y además hasta le entiende. Eso si tiene algunos inconvenientes…. El tamaño suele ser algo mayor que el de los peluches habituales, suele ser más exigente, a veces se agobia y no quiere estar tan cerca del niño. No puede hacer otras cosas mientras esta siendo usada como peluche, lo único que puede hacer es un BUEN INTERCAMBIO DE AMOR. Aunque puede cumplir la función de peluche y de chupete a la vez y hay algunas que hasta lo llegan a disfrutar, con otras he llegado a compartir que es una de las experiencias más increíbles, placenteras, sanadoras y completas que una mujer puede tener.
He oído que incluso algunas madres llegan a utilizar al bebé como peluche propio mientras ellas están siendo usadas como peluche del bebe. Esto ya es muy rebuscado y seguro que algún psicólogo puede encontrar muchos peligros en esta práctica. Omitiremos que ambos (mama peluche y bebé peluche) se sentían inmensamente felices.

En resumen que si tienes una tienda de juguetes no te gustará este post.

Buenas noches peluches

Mamá Fabiola

* En psicología, un objeto transicional es un objeto material en el cual un infante deposita cierto apego, es por ejemplo un muñeco de peluche o un trapo (como en el caso del amigo de Charlie Brown) que tiene funciones psicológicas importantes, sobre todo al pretender dormir, cuando se esta solo o en otros momentos, como el hastío. Funciona como un objeto que suple ciertas funciones de la madre cuando ésta está ausente. Constituye una fuente de placer y de seguridad para el infante que suele apretarlo, tenerlo cerca y hablarle. Permite al infante constituir un área intermedia entre él mismo y otra persona o entre él mismo y la realidad. El objeto transicional es a la vez objetivo y subjetivo, objetivo por que se constituye sobre un objeto real, subjetivo por que se le dan y atribuyen funciones en el campo de la imaginación. Esta noción fue introducida por el psicoanalista Winnicott.

Mamá Fabiola
Mamá Fabiola
Mi recorrido personal me ha llevado ha dedicarme durante muchos años al estudio de diferentes temas que completaran mi formación. Esto me ha dado una gran amplitud de miradas para acercarme al otro desde distinto ángulos para encontara cuál es el que más le puede ayudar en cada momento.
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